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05
Junio
2018

Finalización del Seminario de vida 2018

Es siempre alentador ver la obra de Dios en los hermanos.

Este Seminario de vida 2018 nos ha dejado un agradable sabor en el alma. El Espíritu Santo se ha manifestado con poder sobre los hermanos que perseveraron durante los seis sábados consecutivos.

Seis días, como en principio, para una Creación nueva.

Dios cumple su promesa: "Les daré un corazón nuevo y pondré dentro de ustedes un espíritu nuevo. Quitaré de su carne ese corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré dentro de ustedes mi Espíritu y haré que caminen según mis mandamientos, que observen mis leyes y que las pongan en práctica." Ezequiel, 36 : 26-27

Un corazón nuevo: el Espíritu de Jesús (Hch 16:7) que vive en nosotros y que Dios despierta, inflama y mantiene viva la fe para que mayores obras (Jn  14:12) que las que el Señor hizo podamos hacer nosotros.

Ahora bien, este Espíritu Santo, lejos de quedar sólo en una sensación o en una experiencia es el mismo que cubrió a María, la Virgen Madre, que animó a Jesús (Lc 4.1; Ro 8:11) e impulsó a los apóstoles y a los santos a lo largo de la historia. Está en nosotros, vive en nosotros.

La Iglesia sin el Espíritu es un cuerpo sin alma. Pentecostés se actualiza para que ese cuerpo no pierda su chispa vital. Él hace la obra de Dios a través nuestro.

Sin el Espíritu la obra es obra muerta, con el Espíritu es garantía de vida eterna.

Ese Espíritu no dejó a los apóstoles encerrados en las paredes del cenáculo, los proyectó hacia “los confines de la tierra” (Hch 1: 8). Ese Espíritu llevó el mensaje Jesús, en pocos años,  por todo el mundo conocido desde la India a España y desde Etiopía a las tierras del Mar del Norte.

Este es el mensaje para toda la Iglesia: ¡Salgan!¡Vayan! ¡Anuncien! … en los espacios virtuales, sí, pero también en las calles, en las plazas, en las villas, en los barrios, … hagan visible a JESUCRISTO.

Este mundo  pretende silenciarlo, imponer una cultura de muerte, pervertir  el plan de Dios para el hombre, enfatizar que  la apariencia y los bienes materiales son los únicos que pueden darnos felicidad, fomentar  la indiferencia al pobre y al sufriente, que promueve el individualismo y el lema “sálvate a ti mismo”,  licuar la fe y  adulterarla … pero nosotros tenemos al “otro Paráclito” (Jn 14:16) desde el bautismo. Uno que camina con nosotros, el que nos recuerda las enseñanzas del Maestro, el que nos guía y nos ayuda a discernir, el que nos ha brindado dones y carismas para servir  a la Iglesia, el que nos hace Cuerpo de Cristo y nos  une como comunidad de bautizados,  el que nos infunde valor y coraje hasta el martirio.

Que no tenga Dios que hacer hablar a las piedras, sino nosotros seamos  “piedras vivas” (1 P2:5)  que anuncian el  mensaje de libertad y vida y construyen la Iglesia.

Hermanos del Seminario de Vida 2018, ustedes son esas piedras vivas y Dios los envía a ser testigos de Su Amor en un mundo egoísta. ¡Salgan!¡Vayan! ¡Anuncien! … MAG

Es siempre alentador ver la obra de Dios en los hermanos.

Este Seminario de vida 2018 nos ha dejado un agradable sabor en el alma. El Espíritu Santo se ha manifestado con poder sobre los hermanos que perseveraron durante los seis sábados consecutivos.

Seis días, como en principio, para una Creación nueva.

Dios cumple su promesa: "Les daré un corazón nuevo y pondré dentro de ustedes un espíritu nuevo. Quitaré de su carne ese corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré dentro de ustedes mi Espíritu y haré que caminen según mis mandamientos, que observen mis leyes y que las pongan en práctica." Ezequiel, 36 : 26-27

Un corazón nuevo: el Espíritu de Jesús (Hch 16:7) que vive en nosotros y que Dios despierta, inflama y mantiene viva la fe para que mayores obras (Jn 14:12)que las que el Señor hizo podamos hace nosotros.

Ahora bien, este Espíritu Santo, lejos de quedar sólo en una sensación o en una experiencia es el mismo que cubrió a María, la Virgen Madre, que animó a Jesús (Lc 4.1; Ro 8:11) e impulsó a los apóstoles y a los santos a lo largo de la historia. Está en nosotros, vive en nosotros.

La Iglesia sin el Espíritu es un cuerpo sin alma. Pentecostés se actualiza para que ese cuerpo no pierda su chispa vital. Él hace la obra de Dios a través nuestro.

Sin el Espíritu la obra es obra muerta, con el Espíritu es garantía de vida eterna.

Ese Espíritu no dejó a los apóstoles encerrados en las paredes del cenáculo, los proyectó hacia “los confines de la tierra” (Hch 1: 8). Ese Espíritu llevó el mensaje Jesús, en pocos años, por todo el mundo conocido desde la India a España y desde Etiopía a las tierras del Mar del Norte.

Este es el mensaje para toda la Iglesia: ¡Salgan!¡Vayan! ¡Anuncien! … en los espacios virtuales, sí, pero también en las calles, en las plazas, en las villas, en los barrios, … hagan visible a JESUCRISTO.

Este mundo pretende silenciarlo, imponer una cultura de muerte, pervertir el plan de Dios para el hombre, enfatizar que la apariencia y los bienes materiales son los únicos que pueden darnos felicidad, fomentar la indiferencia al pobre y al sufriente, que promueve el individualismo y el lema “sálvate a ti mismo”, licuar la fe y adulterarla … pero nosotros tenemos al “otro Paráclito” (Jn 14:16) desde el bautismo. Uno que camina con nosotros, el que nos recuerda las enseñanzas del Maestro, el que nos guía y nos ayuda a discernir, el que nos ha brindado dones y carismas para servir a la Iglesia, el que nos hace Cuerpo de Cristo y nos une como comunidad de bautizados, el que nos infunde valor y coraje hasta el martirio.

Que no tenga Dios que hacer hablar a las piedras, sino nosotros seamos “piedras vivas” (1 P2:5) que anuncian el mensaje de libertad y vida y construyen la Iglesia.

Hermanos del Seminario de Vida 2018, ustedes son esas piedras vivas y dios los envía a ser testigos de Su Amor en un mundo egoísta. ¡Salgan!¡Vayan! ¡Anuncien! … MAG